Historia
junio 30, 2026
Muere el histórico comandante de la revolución cubana Ramiro Valdés Menéndez
Ramiro Valdés Menéndez, una figura histórica de la Revolución cubana y vice primer ministro del país, falleció a los 94 años en La Habana. Líderes como el presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, y la copresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, expresaron sus condolencias por la muerte de quien fuera uno de los últimos de la generación que combatió junto a Fidel Castro.
La muerte de Ramiro Valdés Menéndez, uno de los últimos comandantes históricos de la Revolución cubana, no solo cierra un capítulo generacional: también exhibe, en tiempo real, la grieta entre quienes lo veneran como héroe y quienes lo recuerdan como arquitecto de la represión.
El relato oficial: héroe sin fisuras
Desde La Habana, el aparato estatal y sus aliados pintan un mural épico. Díaz-Canel lo despide con palabras casi filiales, destacando su “ejemplar consagración al servicio de la Patria” y su “fidelidad absoluta al liderazgo de Fidel y Raúl” hasta el último aliento.1 La línea es clara: continuidad revolucionaria, disciplina y lealtad.
En Caracas, el Gobierno de Venezuela acompaña el guion: subraya la “larga trayectoria” de Valdés y su papel en “momentos fundacionales de la vida política y social” de Cuba,2 reforzando la idea de un pilar histórico indispensable. Managua se suma: Rosario Murillo lo saluda como “amigo inquebrantable del pueblo nicaragüense” y lo enmarca en una narrativa de paz, victorias compartidas y hermandad revolucionaria.3
La otra lectura: el poder y su sombra
Los medios críticos no discuten su peso histórico, pero completan el cuadro con los detalles que el relato oficial pule o borra. Se recuerda a Valdés como vice primer ministro y figura central de la seguridad del Estado: fundador del Departamento de Seguridad del Estado (DSE) y de la Dirección General de Inteligencia (DGI), “dedicados al seguimiento, infiltración y represión de elementos opositores y anticomunistas dentro del país”.2
Mientras Cubadebate lo presenta como “merecedor del respeto y la admiración del pueblo de Cuba por su entrega y probada lealtad a la causa revolucionaria”,4 la prensa de oposición, como Despacho 505, reproduce ese elogio para subrayar justamente lo contrario: que su legado está inseparablemente ligado al control político, la persecución interna y el sistema que blindó a la cúpula cubana durante décadas.4
Entre la épica y el expediente represivo, la figura de Ramiro Valdés queda como un símbolo perfecto de la revolución cubana: glorificada por sus aliados, cuestionada por sus críticos y, para muchos cubanos, asociada tanto al mito de la liberación como a la larga sombra del miedo.