Historia
junio 30, 2026

Actualizado el julio 1, 2026

EE. UU. e Irán firman memorando para poner fin al conflicto en Medio Oriente

Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento electrónico para poner fin a las hostilidades, lo que incluye el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, la reapertura del estrecho de Ormuz y el inicio de un período de negociación de 60 días. El acuerdo, que busca abordar el programa nuclear iraní y las sanciones, ha sido recibido con satisfacción por Brasil y ha impulsado los mercados de Wall Street, aunque el viaje de una delegación estadounidense a Suiza para conversaciones técnicas fue pospuesto.

Estados Unidos e Irán han parado la guerra con un clic y un memorando electrónico, pero el fin de las bombas no significa el inicio automático de la paz. El acuerdo abre rutas marítimas y mercados, mientras deja intactos varios de los dilemas que encendieron el conflicto.

Por un lado, el bloque alineado con Washington vende el texto como la protocolización formal del “fin inmediato y permanente de las operaciones militares” y el arranque de un fondo y plan de reconstrucción para Irán. La reapertura del estrecho de Ormuz “al instante” y el levantamiento “inmediatamente” del bloqueo naval estadounidense son presentados como un hito logístico y geopolítico que restituye el flujo de una quinta parte del petróleo mundial. No es casual que Wall Street cerrara en verde una semana marcada por el acuerdo y por la expectativa de estabilidad energética.

Brasil se suma a ese optimismo: expresa su “satisfacción” y exige adhesión “estricta” al pacto, subrayando que el diálogo diplomático es “la única vía para la estabilidad” en Oriente Medio, mientras sufre en casa la factura política del alza petrolera.

Del otro lado, la oposición y voces críticas ponen el freno. Un influyente editorial recuerda que se trata de un “memorando de entendimiento” provisional, que garantiza la reapertura de Ormuz pero deja sin resolver el núcleo duro: el programa nuclear iraní y las tensiones fronterizas, en especial con Israel. “Una guerra que jamás debió estallar”, titula sin concesiones, y advierte que la paz sigue colgada de “hilos muy finos”.

En Teherán, el propio líder supremo Mojtaba Jameneí admite que Trump buscó el acuerdo “movido por la desesperación” y marca distancia al asegurar que mantiene “una opinión diferente”, aunque terminó avalando el texto tras recibir garantías sobre “los derechos de la nación iraní y del Eje de la Resistencia”. Es decir: alto el fuego sí, capitulación no.

La negociación de fondo —60 días cronometrados, uranio enriquecido sobre la mesa y sanciones en juego— será el verdadero examen. De momento, el mundo aplaude el silencio de los cañones; la pregunta es si el ruido de las próximas rondas diplomáticas no traerá otra tormenta.

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