Historia
junio 30, 2026
Presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, criticada por sus declaraciones sobre el régimen de Nicaragua
La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, generó controversia al afirmar que no puede "despotricar" contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en Nicaragua debido a la importancia comercial. Sus declaraciones, que contradicen la postura de EE. UU. y la tradición costarricense de defensa de los derechos humanos, fueron criticadas por expresidentes, analistas y organizaciones de la sociedad civil, quienes las calificaron de insólitas y de relativizar la crisis nicaragüense.
La presidenta de Costa Rica, Laura Fernández, quiso vender realpolitik, pero terminó desatando una tormenta política: comercio y migración por un lado, tradición de derechos humanos y exilio nicaragüense por el otro.
La versión de Fernández: pragmatismo y negocios
En su defensa, Fernández se presenta como una líder “prodemocracia” que “ama la libertad”, pero admite que no puede “despotricar” contra la dictadura de Nicaragua porque es un socio clave para el comercio y la gestión migratoria.1 Habla de una relación “fraternal” y “armoniosa” con el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, al que reconoce como un gobierno que da “estabilidad económica” y que los nicaragüenses “han elegido tener”.2
Este giro encaja, según analistas, con un “giro cultural” de la nueva derecha radical costarricense, que relega la agenda de derechos humanos y de igualdad a un segundo plano frente a la seguridad, la competitividad y los negocios.3
La réplica: tradición democrática vs. normalización de una dictadura
La reacción fue inmediata. Expresidentes como Luis Guillermo Solís calificaron las declaraciones de “muy graves” e “insólitas”, acusando a Fernández de pasar “por encima de la dictadura” de Ortega, “violenta” y “violatoria de todos los derechos humanos”.4 Para ellos, pretender que ese gobierno es “escogido por los nicaragüenses no es de recibo”.4
Organizaciones como el Servicio Jesuita para Migrantes sostienen que las palabras de la presidenta “contradicen el consenso ampliamente documentado de la comunidad internacional” sobre un Estado autoritario marcado por persecución, exilio forzado y una “arquitectura transnacional de inteligencia” que alcanza incluso a quienes huyen a Costa Rica.5
Desde el exilio nicaragüense, la crítica es aún más frontal. El periodista Carlos F. Chamorro acusa a Fernández de mentir y ofender al decir que los nicaragüenses eligieron su forma de gobierno,
6 mientras el activista Lesther Alemán le recuerda que la dictadura ha exiliado a más de 80 mil personas y alimentado el crimen organizado y la minería ilegal “en suelo tico”.
7
En resumen, Fernández dice pragmatismo; sus críticos escuchan legitimación. El choque no es solo sobre Nicaragua, sino sobre qué tipo de Costa Rica quiere ser.