La postal colonial de Cartagena cambia de motor: los cascos se apagan, los cargadores se encienden. La ciudad inaugura sus 60 carrozas eléctricas y con ellas un experimento de turismo “sostenible” que entusiasma a unos y deja dudas en otros.

Modernización con brillo oficial

Para la Alcaldía, el proyecto es un hito de ciudad: la entrega de llaves de 60 carrozas eléctricas a cocheros se vende como símbolo de una Cartagena que preserva su aura histórica sin maltrato animal. Más de 150 familias que antes vivían de los caballos cocheros pasan a operar estos vehículos, integrados a un sistema formal con corredores definidos, tarifas reguladas y capacitación incluida.

La administración resalta además la infraestructura energética: el Patio Taller de Carrozas Eléctricas Chambacú, con estación de carga solar, fue diseñado para cargar hasta 60 baterías a la vez y funcionar como base operativa al final de cada jornada. Es, en el discurso oficial, la prueba de que el turismo de “selfie” también puede ser de cero emisiones.

Entre la ilusión y la factura

Desde la orilla de los usuarios y operadores, el énfasis es distinto: la pregunta ya no es si habrá carrozas, sino cuánto vale el paseo. Con la entrada en operación comercial, se acabaron los recorridos gratuitos del plan piloto que estuvo vigente desde diciembre de 2025; ahora rigen tarifas variables según temporada y duración del trayecto, avaladas por el DATT.

Los cocheros celebran la continuidad de su oficio y la promesa de mejores ingresos, pero dependen de que el flujo turístico sostenga un esquema más caro y tecnificado, monitoreado por GPS y atado a horarios amplios, de 9:00 a.m. a 11:00 p.m.

Cartagena, en el fondo, pone a prueba algo más que un nuevo vehículo: si su marca de ciudad puede ser, al mismo tiempo, negocio, patrimonio y transición energética.