La nueva foto de la pobreza en Colombia parece histórica… pero no todos coinciden en quién merece el crédito ni en qué tan profunda es la mejora.

En las cifras, hay consenso: el Dane confirmó que en 2025 la pobreza monetaria cayó al 28% y completó “cinco años consecutivos” de reducción, con la pobreza extrema en 9,6%, ambos mínimos desde que hay registro reciente. Según el propio Dane, eso implica cerca de 1,8 millones de personas menos en pobreza solo entre 2024 y 2025.

El relato del Gobierno: victoria social y giro histórico

El gobierno de Gustavo Petro se apropia del hito. Petro afirma que “cerca de cuatro millones de colombianos han salido de la pobreza monetaria” durante su administración y que la cifra podría llegar a cinco millones al cierre del mandato. Subraya que la pobreza extrema pasó de 17% al inicio de su gobierno a un solo dígito, 9,6%, algo que presenta como “el nivel más bajo del siglo”.

La narrativa oficial se apoya en el propio Dane, que destaca que “en 2025 la pobreza monetaria en Colombia se redujo por quinto año consecutivo y llegó al 28%”, con mínimos históricos en las distintas zonas medidas desde 2012. Además, el coeficiente de Gini bajó de 0,551 a 0,531 entre 2024 y 2025, reforzando el argumento de una caída de la desigualdad.

La mirada crítica: tendencia larga y brecha persistente

Desde sectores de oposición y analistas económicos se matiza el triunfalismo: recuerdan que la desigualdad ya venía cayendo desde el pico de 0,563 que marcó la pandemia en 2021, hasta llegar a 0,531 en 2025, “el nivel más bajo de los últimos seis años”, es decir, una tendencia de más de un gobierno.

Además, se advierte que la línea de pobreza subió a 482.041 pesos por persona al mes en 2025, 4,7% más que en 2024, lo que implica que hoy se exige un ingreso mayor para no ser considerado pobre. Y que la Colombia rural sigue rezagada: la incidencia de la pobreza en centros poblados y rural disperso es 1,6 veces la de las cabeceras (39,5% frente a 24,6%).

En resumen: todos miran el mismo informe del Dane, pero mientras el Gobierno lo vende como prueba de un cambio de modelo, sus críticos lo leen como un avance importante, sí, pero frágil, desigual y apoyado en una tendencia que empezó antes de Petro.