La pelea por el futuro judicial de Blessd se libra en dos escenarios paralelos: la Fiscalía lo pinta como cerebro de un secuestro extorsivo; su defensa insiste en que todo es, a lo sumo, una bronca comercial mal manejada.

Fiscalía vs. defensa: ¿secuestro o pleito de negocio?

Desde el lado institucional, el caso es tajante: Blessd fue imputado por presunto secuestro extorsivo, junto a su mánager y otros cercanos, por hechos ocurridos el 1 de junio de 2022 en un estudio de grabación en Medellín. La versión oficial señala que un imitador fue citado y luego “retenido y amenazado incluso con un arma de fuego” para obligarlo a firmar un documento que le prohibiera seguir imitándolo.

Medios alineados con la línea de la Fiscalía subrayan que el ente acusador pide medida de aseguramiento en cárcel y lo procesa por “presunto secuestro con fines extorsivos contra otro cantante”, al que se habría presionado para firmar a punta de agresiones físicas y despojo de su celular. En estas versiones, la imputación es clara y todos los implicados rechazaron los cargos tras una maratónica audiencia de cinco horas.

La defensa, en cambio, intenta desinflar el globo penal: argumenta que los hechos “no permitirían concluir que hubo un secuestro” y recalca que Blessd “no estuvo presente en la mencionada reunión” y que el caso estuvo a punto de archivarse.

Relato opositor: Blessd como cerebro del plan

La prensa más crítica amplifica la voz de la fiscal del caso: “Blessd gestó la idea criminal”, sostuvo en audiencia, afirmando que la acción “fue determinada” por él. Se detalla que el denunciante, imitador de Ozuna y exmánager de un imitador de Blessd, habría sido citado, retenido, golpeado y amenazado para que su representado dejara de usar el personaje “Yo me llamo Blessd”.

Mientras el gobierno judicial pide cárcel y habla de riesgos para las víctimas y la sociedad, la defensa intenta sacar el caso del terreno del secuestro y llevarlo al de una disputa por marca e imagen. En el medio, un juez tendrá que decidir si se trata de un artista celoso de su nombre… o de un reguetonero que cruzó la línea del delito.