La nueva encuesta de uso del tiempo del Dane pone en números algo que muchos hogares ya sabían de memoria: la igualdad avanza en el discurso, pero en la cocina, el trapero y el cuidado, el siglo XXI aún no ha llegado del todo.

Mismo dato, dos relatos

Desde el enfoque cercano al Gobierno, el énfasis está en visibilizar que “hombres trabajan fuera de casa, pero mujeres cargan la mayor parte del peso del hogar”. La narrativa subraya que ellas destinan en promedio 7 horas y 34 minutos al día al trabajo no remunerado, frente a 3 horas y 13 minutos de ellos, y que el 89,8% de las mujeres participa en estas labores, contra el 65,2% de los hombres. El mensaje: la brecha en el hogar explica buena parte de las desigualdades económicas y laborales.

La oposición recoge los mismos números, pero los convierte en acusación política: “Las mujeres dedican más del doble de tiempo diario que los hombres al trabajo no remunerado, según el Dane”, mientras además trabajan menos horas remuneradas (7 horas y 36 minutos ellas frente a 9 horas y 8 minutos ellos). El foco aquí es la “carga global de trabajo”: 13 horas y 47 minutos para las mujeres frente a 11 horas para los hombres, prueba, dicen, de que las políticas públicas siguen sin tocar el núcleo del problema.

Coinciden en el diagnóstico, chocan en la culpa

Ambas miradas aceptan el mismo cuadro: tareas como suministro de alimentos, limpieza y cuidado físico de niños y dependientes recaen de forma abrumadora en las mujeres. La diferencia es de tono: el relato oficialista habla de un lastre histórico que se está empezando a corregir; el opositor lo pinta como el síntoma de un Estado que sigue descargando en ellas el trabajo que no paga ni reconoce.

En lo único que no hay margen de interpretación es en el reloj: cada minuto de desigualdad está perfectamente contado.