La muerte de Alexander Avendaño en el embalse El Peñol-Guatapé ya no se lee como un “accidente de fiesta”, sino como una escena de violencia, humillación y, quizás, delito compartido por varios silencios.
¿Lo empujaron o se lanzó?
Desde un lado, el relato opositor es tajante: a Alexander lo estrujaron, lo despojaron de prendas y lo dejaron hundirse mientras algunos gritaban “¡ahóguenlo!”, sin que nadie se lanzara al rescate.1 Este ángulo subraya la crueldad del grupo y el hecho de que ninguno portaba chaleco salvavidas, abriendo la puerta a investigar al propietario del planchón por presunta omisión en las medidas de seguridad.1
La versión más cercana a la institucional pone el énfasis en que el joven se “lanzó al embalse” mientras huía de una presunta agresión en medio de una riña a bordo.2 El mismo video que para unos sugiere empujón, para otros muestra una fuga desesperada: un lavamanos roto, gente quitándole el pantalón y una voz que insiste en que lo ahoguen, hasta que Alexander termina en el agua.2
Omisión de socorro: el punto de encuentro
Pese a las diferencias, ambos relatos coinciden en el vacío más incómodo: nadie lo auxilió. Mientras la oposición recalca la indiferencia del grupo y el historial de muertes en el embalse para denunciar un patrón de desidia y negligencia,1 el enfoque institucional lleva la discusión al terreno jurídico. Un penalista advierte que podría ser difícil probar un homicidio directo, pero ve claros elementos para investigar una “omisión de socorro”.2
En el centro del choque narrativo está el mismo video, ahora pieza clave de la Fiscalía. Y alrededor, una pregunta que incomoda a todos por igual: cuando una víctima está rodeada de gente y aun así muere ahogada, ¿cuántos son responsables?