Historia
junio 30, 2026
Denuncian a Iván Cepeda ante el CNE por actos de campaña prohibidos
Se han presentado múltiples denuncias ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Colombia contra el candidato presidencial Iván Cepeda por realizar eventos masivos en la semana previa a las elecciones, un período en el que está prohibido hacer campaña en espacios públicos. Los eventos en cuestión tuvieron lugar en Sincelejo, Córdoba y Arauca. La campaña se defendió argumentando que se trataba de reuniones privadas.
En la recta final de la campaña presidencial, Iván Cepeda se convirtió en el epicentro de una pelea jurídica y política: ¿reuniones privadas legítimas o “tarimazos” disfrazados para saltarse la ley electoral?
1. La oposición: del “tarimazo” al “candidato que viola la ley”
Desde el flanco opositor, el relato es sencillo y lapidario: Cepeda estaría haciendo actos de campaña masivos en plena veda y burlando las normas. Titulares como “Cepeda hizo nuevo ‘tarimazo’ en Córdoba, pese a prohibición y le caen críticas: ‘el candidato de la revolución ética viola la ley’” resumen el tono de la acusación.1
Los críticos hablan directamente de “tarimazos ilegales” y se preguntan “¿Quién responde por los ‘tarimazos’ ilegales de Cepeda?”.2 Sostienen que los eventos en Sincelejo, Córdoba y Arauca son actos proselitistas masivos, justo cuando el Decreto 0188 de 2026 prohíbe este tipo de actividades una semana antes de la primera vuelta.3 Para ese sector, el caso es emblemático de un candidato que hace campaña mientras el resto guarda silencio por obligación legal.
2. El árbitro electoral: llamado de atención, pero sin mover mucho la aguja
El Consejo Nacional Electoral aparece como un árbitro que pita falta… a medias. De un lado, se registran “dos denuncias contra Cepeda por los eventos masivos que se realizaron en Córdoba y Sucre, pese a que está prohibido en la semana previa al día de las elecciones”.2 También se habla de otras denuncias por eventos en la Costa Caribe y en Arauca.4
Sin embargo, el propio CNE “no planea iniciar procedimientos” inmediatos por estos actos, y más bien “prepara un llamado de atención general” a todas las campañas para que cumplan la ley.3 Además, fuentes indican que, al derivarse las vedas de un decreto de orden público, “poco o nada tiene por hacer el CNE” y que la pelota podría terminar en la cancha de los alcaldes.4
3. Cepeda y el gobierno: todo es privado, nada es tarima
En el lado de Cepeda y del Gobierno la defensa es clara: las reuniones se realizaron en recintos cerrados, con invitación, y por tanto no son actos públicos sujetos a la veda. El propio candidato ha insistido en que se trata de encuentros “para coordinar el día de las elecciones” y que se hacen en un “recinto privado”.13 En Montería, explicó que, ante las críticas, ese era simplemente un espacio de coordinación para el 31 de mayo y llamó a su estructura a no quedarse en casa y salir temprano a votar.3
La narrativa gubernamental se alinea con esa tesis. El Ministerio del Interior respalda la legalidad de estos eventos privados, y el ministro Armando Benedetti habla de que alrededor de las denuncias “hay puro mito”.15
4. El choque de lecturas: la disputa por la línea entre lo público y lo privado
La controversia destapa un vacío clave: ¿cuándo un salón lleno de simpatizantes deja de ser reunión interna y se convierte en mitin prohibido? Mientras la oposición ve “eventos masivos” claramente proselitistas,12 la campaña insiste en el ropaje de coordinación íntima.15
El CNE, atrapado entre la presión política y los límites jurídicos del decreto, opta por el regaño colectivo antes que por el prontuario disciplinario.34 En una contienda cerrada, esa ambigüedad es, en sí misma, una decisión: deja a Cepeda bajo sospecha, pero no fuera de juego.