Historia
junio 30, 2026
Nicaragua y Costa Rica se enfrentan por la secretaría general del SICA
El régimen de Daniel Ortega reclama el derecho de Nicaragua a ocupar la Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), denunciando un bloqueo a sus candidatos. La tensión aumentó después de que Costa Rica presentara una terna de candidatos para ocupar el cargo, propuesta que fue rechazada por Nicaragua.
Nicaragua y Costa Rica se disputan no solo una silla burocrática, sino el timón político del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), bloque ya descabezado desde 2023. En el centro del choque: quién manda y con qué legitimidad.
Costa Rica: desbloquear la parálisis
San José se presenta como bombero institucional. El gobierno costarricense envió una terna formal a la Presidencia Pro Témpore del SICA para ocupar la Secretaría General 2026-2030: Gilberth Adolfo Jiménez Siles, Catalina Crespo Sancho y Lina Eugenia Ajoy Rojas.1 Según la cancillería de Costa Rica, la iniciativa se ajusta a los acuerdos de la Reunión de Presidentes y a la hoja de ruta aprobada por los cancilleres en abril de 2026, y todos los aspirantes cuentan con “amplia preparación profesional y experiencia”.1
Desde la óptica de la oposición nicaragüense, la jugada refleja la desconfianza regional hacia el régimen Ortega-Murillo y un esfuerzo explícito por impedir que Managua capture políticamente el sistema de integración, en un contexto en el que el liderazgo del SICA está vacante desde noviembre de 2023.1
Managua: “derecho” bloqueado y complot político
El régimen de Daniel Ortega responde en modo ofensiva. En una comunicación oficial, Managua reclama el “derecho” de Nicaragua a ocupar la Secretaría General, denuncia un “bloqueo injustificado, ilegal e ilegítimo” contra sus candidatos y tacha la terna costarricense de “anómala e inusual”.2
El gobierno recuerda que ya presentó tres ternas desde 2023 —incluyendo figuras como Valdrack Jaentschke, Sonia Castro y Denis Moncada—, sin lograr consenso entre los Estados miembros, fracaso que atribuye a decisiones políticas ajenas y no a los perfiles cuestionados por organismos internacionales por su rol en años de represión y violaciones de derechos humanos.2
Semejanzas, diferencias… y riesgo de ruptura
Ambas partes dicen defender la “legalidad” regional, pero mientras Costa Rica apela a reglas y hojas de ruta para restaurar funcionamiento, Ortega se aferra a turnos y sedes para preservar control. Coinciden en que el vacío en la Secretaría es insostenible; divergen en la solución: pluralidad frente a monopolio.
En el trasfondo, analistas ven un escenario en el que Nicaragua podría terminar aislada —o incluso alejándose del SICA— si mantiene su pulso por el control total del organismo.1