Historia
junio 30, 2026
Sergio Ramírez es elegido miembro de la Real Academia Española (RAE)
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez fue elegido para ocupar el sillón 'L' de la Real Academia Española, que quedó vacante tras el fallecimiento de Mario Vargas Llosa. Su elección ha generado reacciones diversas, incluyendo el rechazo de un grupo de víctimas del sandinismo que cuestionan su pasado político.
La silla L de la Real Academia Española ya tiene dueño y también un nuevo campo de batalla: la memoria del sandinismo. El ingreso de Sergio Ramírez, primer centroamericano con sillón de número en la RAE1, se celebra como coronación literaria… y se denuncia como afrenta a las víctimas.
La versión consagratoria: coronación y homenaje
Desde el campo opositor al régimen de Ortega, medios y activistas presentan el nombramiento como un reconocimiento incuestionable a una obra mayor. Ramírez, Premio Cervantes 2017, fue la única candidatura para la silla L, avalada por tres pesos pesados de la Academia2. La RAE, citada por cronistas culturales, llega a afirmar que “no creemos que haya mejor candidato” que él
3.
Para el propio escritor, el gesto va más allá de su biografía: lo siente como “un homenaje a Nicaragua, a su cultura, a su lengua”4. Otros opositores remarcan que su llegada a la RAE no es solo “un asiento para un escritor; sino un asiento para la libertad de Nicaragua y un reconocimiento a la resistencia frente a la censura”
5. En la misma línea, se subraya que la Academia “distingue una obra literaria fecunda…; no reescribe la historia política de un país”
6.
El contrapunto incómodo: víctimas contra la impunidad simbólica
En el otro lado, la iniciativa “Víctimas del Sandinismo” denuncia que la RAE ha premiado al escritor silenciando a los muertos. Su campaña —carta abierta y recogida de firmas— cuestiona la “idoneidad” de Ramírez y su “insuficiente autocrítica” frente a la censura de prensa, las masacres en la Mosquitia y otros crímenes de los años ochenta7. El grupo lamenta que la Academia haya priorizado el brillo literario “dejando de lado la memoria y dignidad de quienes fueron silenciados”8.
Literatura, política y una silla que pesa
Así, mientras unos leen la elección como victoria de la palabra frente al autoritarismo, otros la perciben como una forma elegante de impunidad. La RAE insiste en que solo premia letras; las víctimas responden que, en Nicaragua, la literatura nunca ha sido solo literatura. Y la silla L, que ocupó Vargas Llosa, se convierte ahora en tribunal simbólico de una guerra que sigue sin cerrarse.