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июнь 30, 2026

Обновлено июль 1, 2026

Estados Unidos e Irán anuncian acuerdo de paz para reabrir el estrecho de Ormuz

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, anunciaron un acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán para poner fin a las hostilidades. El pacto, mediado por Pakistán, contempla la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, con una firma oficial prevista en Ginebra, Suiza.

Estados Unidos e Irán llaman “paz” a lo que muchos ven como una tregua forzada por el precio de la gasolina y el bloqueo del 20 % del crudo mundial en Ormuz. El conflicto se apaga, pero la pelea por el relato apenas empieza.

Trump, el pacificador que también retrocede

Para la Casa Blanca, el acuerdo es la prueba de que Trump aún puede dictar el ritmo del orden mundial. El presidente celebró en Truth Social que “el acuerdo con la República Islámica de Irán ya está completo” y autorizó “la apertura sin peaje del estrecho de Ormuz” y el fin inmediato del bloqueo naval, rematando con un triunfalista “¡Que fluya el petróleo!”. Su vicepresidente, JD Vance, vende el pacto como un proceso “basado en verificación” que reabre el estrecho “sin peajes” mientras se negocian detalles como sanciones y fondos congelados.

Pero la propia Casa Blanca filtra condiciones duras: desmantelar el programa nuclear iraní y cortar el apoyo a “grupos terroristas”, a cambio de acceso gradual a la economía global y activos descongelados. Trump, además, niega tajantemente que EE. UU. vaya a pagar 300.000 millones de dólares a Teherán y lo tacha de “noticias falsas”.

Teherán: de “victoria estratégica” a advertencia

En Teherán el mismo texto se presenta como trofeo. Las fuerzas armadas aseguran haber “humillado” a Estados Unidos e Israel y obligado al enemigo a “aceptar la derrota y rendirse”. El vicecanciller Ali Gharaibabadi presume de que los “logros” obtenidos por Irán superan con creces los compromisos asumidos y subraya que el “poderío militar” fue clave para cerrar el acuerdo, advirtiendo que habrá “acción específica” ante cualquier incumplimiento estadounidense.

Al mismo tiempo, Irán marca líneas rojas: el negociador Mohamad Baqer Qalibaf lanza un mensaje directo a Washington sobre Líbano —“si careces de voluntad o capacidad para cumplir tus compromisos, es imposible hablar de seguir adelante”— y deja claro que la táctica del “policía bueno, policía malo” vía Israel está agotada.

Pakistán y el Sur global se apuntan la medalla

El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, se coloca en el centro de la foto: anuncia “el acuerdo de paz entre los Estados Unidos de América y la República Islámica de Irán” y proclama “la terminación inmediata y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano”. Será Islamabad quien presida la firma del 19 de junio en Suiza.

Desde América Latina, Gustavo Petro agradece a Trump sus “esfuerzos de paz” y ofrece el peso diplomático de Colombia desde la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU, ligando el fin de los bloqueos en Oriente Medio con un futuro tratado para eliminar armas nucleares. Nicaragua, por su parte, convierte el Memorando en catecismo político: Rosario Murillo celebra “una Paz firme y duradera, reconociendo Derechos” entre Irán y EE. UU., mientras el Gobierno sandinista proclama que “la Familia Humana reclama Paz. Los Pueblos demandan Paz. El Mundo necesita Paz”.

Europa: alivio económico, dudas estratégicas

En Europa el entusiasmo es más pragmático. El precio del Brent se hunde cerca de un 4 % en Asia tras el anuncio del acuerdo, y el G7 “impaciente” por reabrir Ormuz celebra la perspectiva de un estrecho “completamente abierto” para el viernes, aunque persisten interrogantes sobre posibles peajes que Irán insinúa como “tasas por servicios de navegación”.

El Reino Unido da una “calurosa acogida” al preacuerdo, pero exige libertad de navegación “libre de peajes” y compromisos nucleares “sólidos, verificables y aplicados en su totalidad”, recordando que “Irán jamás debe tener armas nucleares”.

La ONU, en cambio, opta por el guion clásico: Antonio Guterres define el anuncio como un “paso crucial” y llama a aprovechar el impulso hacia una solución final del conflicto en Oriente Medio.

Puntos ciegos: Líbano, nucleares y relato

Detrás de la euforia, el memorando deja agujeros del tamaño de un portaviones. Medios alineados con gobiernos aliados subrayan que, aunque el acuerdo pretende “terminar con la guerra” entre Israel y Hezbolá, no obliga a Israel a retirarse de territorio libanés ni fuerza a Irán a cortar su apoyo al movimiento chiita, dejando “sin resolver grandes preguntas sobre Líbano”.

Un análisis favorable a Teherán sostiene que, tras más de 100 días de guerra, Irán sale “fortalecido en el plano estratégico”, habiendo mantenido intactos su territorio y su sistema político, mientras la vieja alianza petróleo–dólar–seguridad de las petro-monarquías entra en crisis.

En paralelo, se filtran borradores iraníes: cese “permanente e inmediato” de la guerra en todos los frentes, liberación de 24.000 millones de dólares en activos congelados, suspensión de sanciones petroleras y levantamiento del bloqueo naval antes de una segunda fase de negociación sobre el programa nuclear y la reconstrucción del país. Algo muy distinto al discurso de “ni un dólar hasta que cumplan” que se oye en Washington.

¿Paz duradera o respiro táctico?

Los hechos inmediatos son claros: alto el fuego general, reapertura de Ormuz, barcos “cargados de petróleo” saliendo ya por una “ruta del sur” supuestamente segura, y un calendario de firma en Ginebra.

Lo que no está claro es quién ganó. Para Trump, es una victoria que rebaja los precios del combustible antes de las elecciones y le permite aterrizar en el G7 como “hacedor de paz”. Para Irán, es la prueba de que resistir y cerrar el estrecho doblega incluso a la superpotencia. Para Líbano y la región, de momento, es solo la promesa de que esta guerra termina… mientras la próxima se sigue negociando en letra pequeña.

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