История
июнь 30, 2026
Anuncios sobre Colombiamoda 2026 en Medellín
La edición 37 de Colombiamoda, la Semana de la Moda de Colombia, se llevará a cabo en Medellín del 25 al 31 de julio de 2026. El evento, bajo el lema "Uniqueness is the New Luxury", espera reunir a más de 70,000 asistentes y contará con la diseñadora Manuela Álvarez en la pasarela inaugural.
Colombiamoda 2026 llega a Medellín con ambición global y discurso de autenticidad, mientras se reabre el debate sobre a quién beneficia realmente el mayor escaparate de moda del país.
Gobierno e Inexmoda: vitrina de país y cifras récord
La narrativa oficial se centra en el músculo económico y la proyección internacional. Colombiamoda “apuesta por la internacionalización y espera reunir a más de 70.000 asistentes” de 50 países, incluidos 17.000 compradores especializados, 4.000 de ellos internacionales, en una semana completa de negocios, cultura y entretenimiento.1 El objetivo declarado: consolidar a Medellín como uno de los principales epicentros de la moda en América Latina y convertir la feria en un “circuito global” que mezcle diseño, creatividad y entretenimiento.1
En esta visión, el lema “Uniqueness is the New Luxury” no es un simple eslogan, sino la apuesta por vender autenticidad como nuevo lujo colombiano al mundo.
Mirada crítica: glamour, pero ¿para quién?
Desde sectores críticos, el énfasis no está solo en las cifras, sino en la estructura del evento. Se destaca que la pasarela inaugural recaerá en Manuela Álvarez, presentada como símbolo del talento que “ha crecido junto al Sistema Moda colombiano” y ahora “eleva el talento nacional ante el mundo”.2 Pero se contrasta ese relato con la concentración de visibilidad en pocas marcas y con la pregunta de cuánto de ese boom llega realmente a los talleres pequeños y a los trabajadores de la cadena textil.
Manuela Álvarez: puente entre los dos relatos
Ambos lados convergen en la figura de Álvarez. Su marca MAZ nació con el propósito de “mezclar su amor por la sastrería clásica artesanal” con raíces indígenas y técnicas ancestrales, y el 90 % de sus prendas se produce con procesos responsables ambientales y comunitarios.2 Para el discurso oficial, es la cara ideal de un país sostenible y cool; para la oposición, es la prueba de que el verdadero lujo —el social y ambiental— apenas empieza a asomar en una industria aún marcada por la desigualdad.