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июнь 30, 2026

Обновлено июль 1, 2026

Colombia avanza en el marco legal para el uso de la energía nuclear

El Senado de Colombia aprobó el proyecto de ley "Átomos para la Vida", que crea la Agencia Nacional de Seguridad Nuclear y establece un marco regulatorio para explorar el uso pacífico de tecnologías nucleares. Esta iniciativa prepara al país para avanzar en áreas como la producción de radiofármacos y la eventual generación de energía nuclear a partir de 2035.

Colombia se asoma al átomo justo cuando el mundo discute si la energía nuclear es salvación climática o un riesgo innecesario. El país estrena ley, agencia y discurso tecnocrático en un terreno donde otros todavía ven un tabú.

El relato oficial: seguridad, ciencia y clima

Para el Gobierno y los promotores del proyecto, "Átomos para la Vida" es el paso que faltaba para modernizar la matriz energética y la infraestructura científica. El Senado aprobó la norma que "crea la primera Agencia Nacional de Seguridad Nuclear de Colombia y establece un marco regulatorio integral para el uso de tecnologías nucleares con fines pacíficos". La promesa: "deja listo el andamiaje institucional" para producir radiofármacos y, a partir de 2035, explorar energía nuclear como lo plantea el Plan Energético Nacional.

En clave internacional, el Ejecutivo vende esta movida como escudo ante el cambio climático. En Viena, Colombia presentó ante la Agencia Internacional de Energía Atómica su ruta para "evaluar la incorporación de energía nuclear dentro de la matriz energética del país" como respuesta a "los desafíos energéticos asociados al cambio climático y a fenómenos extremos como El Niño".

Las ausencias: riesgos, costos y oposición

El marco legal aprobado crea una autoridad "independiente" para inspeccionar, licenciar y sancionar las actividades nucleares, y se apoya en que el país ha suscrito 24 tratados internacionales sobre uso seguro de materiales radiactivos y no proliferación. Pero en el relato oficial apenas asoman las preguntas incómodas: gestión de residuos, costos reales frente a renovables, vulnerabilidad ante fallas y conflictos sociales alrededor de eventuales sitios nucleares.

Lo que para el Gobierno es una apuesta estratégica —"blindarse ante futuros fenómenos de El Niño extremos"—, para los críticos podría convertirse en una nueva dependencia tecnológica y financiera. Entre el entusiasmo tecnocrático y las dudas ambientales y ciudadanas, Colombia entra a la conversación nuclear con un marco jurídico sólido, pero un debate público aún en pañales.