История
июнь 30, 2026
Asesinan al cantante de reguetón Degezeta en Culiacán, México
El cantante de reguetón Mario Alberto Barreto Domínguez, conocido como 'Degezeta', de 22 años, fue asesinado a tiros en Culiacán, Sinaloa. El artista y su mánager, Iván Marlon, fueron atacados por hombres armados mientras se encontraban en su vehículo en un semáforo.
El asesinato del reguetonero Degezeta en Culiacán vuelve a dejar a México frente al mismo espejo: un joven con futuro, una lluvia de balas y un Estado que corre detrás de la tragedia.
Coincidencias: los hechos que nadie discute
Tanto la cobertura cercana a la versión oficial como la crítica al gobierno arrancan del mismo punto: Mario Alberto Barreto Domínguez, “Degezeta”, 22 años, fue acribillado dentro de un Nissan Versa gris mientras esperaba el cambio de luz en un semáforo, frente al estadio Ángel Flores, en Culiacán. Hombres armados se acercaron y dispararon varias veces, matando también a Iván Marlon, integrante de su equipo y mánager en la práctica.12
Ambos relatos subrayan que el artista había dejado Hermosillo para perseguir su carrera urbana en Sinaloa y que estaba comenzando a ganar reconocimiento en el género cuando lo alcanzó la violencia.12
La mirada alineada con el gobierno: investigación y prudencia
La versión más cercana a la narrativa oficial pone el foco en “lo que han revelado las autoridades”, destacando el trabajo pericial: recolección de evidencia balística, confirmación de identidades y reconstrucción del ataque a partir de testimonios.1 El tono es sobrio, técnico, con énfasis en el procedimiento tras otro “nuevo hecho de violencia” que apaga una vida joven.1
Aquí, la historia es la de un crimen grave que está bajo investigación, con el subtexto de que las instituciones reaccionan, levantan el perímetro, aseguran la escena y siguen el guion oficial.
La visión crítica: luto, espectáculo y Estado ausente
La cobertura opositora encuadra el caso en un país en luto permanente: “le quitaron la vida a joven cantante junto a su mánager” no es solo título, es diagnóstico.2 Subraya la escena casi cinematográfica —auto encendido, cuerpos dentro, Ejército y Guardia Nacional acordonando el área— y la demora en confirmar las identidades.2
También enfatiza el impacto emocional: la despedida de su sello, que lo llama “hermano” y recuerda que se mudó a Culiacán para “perseguir un sueño”.12 Para esta mirada, la violencia no es un caso policial más, sino otra prueba de un país donde la música intenta abrirse camino entre ráfagas de fuego.
Dos relatos, un mismo vacío
Entre el parte oficial y el lamento opositor hay un punto ciego común: nadie explica por qué un joven que salía del estudio de grabación termina ejecutado en un semáforo. Allí, justo en ese silencio, es donde la violencia mexicana sigue escribiendo su guion.