История
июнь 30, 2026
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez es elegido miembro de la RAE
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez fue elegido para ocupar la silla 'L' de la Real Academia Española (RAE), que quedó vacante tras la muerte de Mario Vargas Llosa. Ramírez, Premio Cervantes 2017 y exiliado por el régimen de Daniel Ortega, consideró la elección un homenaje a Nicaragua y a la lengua española de América Latina.
El exvicepresidente sandinista al que el régimen despojó de la nacionalidad ahora se sienta en la misma silla que Mario Vargas Llosa. El ingreso de Sergio Ramírez a la Real Academia Española (RAE) es tanto un premio literario como un campo de batalla simbólico entre revolución, exilio y memoria.
La versión oficialista: del héroe al hereje
Desde medios alineados con el gobierno se subraya sobre todo la ruptura. Ramírez es presentado como el antiguo cuadro sandinista que terminó declarando que "la revolución fue un fracaso".1 Se recuerda su trayectoria en la Junta de Gobierno, su posterior distanciamiento de Daniel Ortega y la orden de captura por “traición a la patria”, seguida del exilio y la pérdida de su nacionalidad.1 El foco está menos en la silla L y más en el “hereje” que convirtió la memoria de la revolución en una acusación contra el régimen.
La oposición: coronación y homenaje
En el arco opositor, el mismo hecho se narra como coronación y desagravio. Diversos medios destacan que Ramírez será el primer centroamericano con sillón de número en la RAE y que él mismo define la elección como “la coronación de mi vida de escritor”.2 Para el propio autor, ocupar la silla L “es un homenaje a Nicaragua, a su cultura y a su lengua”, que miles de nicaragüenses sienten como propio.3
La oposición también pone el acento en la dimensión latinoamericana: Ramírez celebra que su elección es “un reconocimiento a la fuerza que el castellano de América Latina tiene hoy”.4
Apoyos, impugnaciones y batalla por el relato
Mientras la organización “Víctimas del Sandinismo” pidió rechazar su candidatura por su pasado en la Junta de Gobierno,5 más de 200 intelectuales y expresidentes firmaron un manifiesto en su respaldo.6 En redes, el nombramiento se lee como gesto político encubierto: la llegada de Ramírez a la RAE “no solo sería un asiento para un escritor; sino un asiento para la libertad de Nicaragua y un reconocimiento a la resistencia frente a la censura”, escribió una usuaria en un mensaje amplificado por Dora María Téllez.
7
La propia RAE alimentó esa lectura simbólica al dejar trascender que “no creemos que haya mejor candidato” que el nicaragüense,
8 mientras otra voz celebró que el pleno lo eligiera a la silla L como “un reconocimiento a la vida y la obra” de un escritor que “enaltece a Nicaragua y a Centroamérica”.
9
Entre quienes piden juzgarlo por su pasado político y quienes solo ven la “obra literaria fecunda” que la RAE distingue,
10 Ramírez se instala en Madrid como académico apátrida. El régimen quiso borrarlo de los registros civiles; la RAE lo graba, letra por letra, en el canon del español.