История
июнь 30, 2026
Funcionarios venezolanos niegan la nacionalidad de Alex Saab
Altos funcionarios del gobierno venezolano, incluyendo a Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello, declararon que el empresario Alex Saab no es venezolano. Afirmaron que es de origen colombiano y que utilizó una cédula de identidad fraudulenta para operar en el país.
El chavismo acaba de hacer algo impensable hace apenas un año: desmarcarse públicamente de Alex Saab, el empresario al que antes presentaba como “enviado especial” y símbolo de resistencia, para ahora reducirlo a un simple colombiano con papeles chimbos.
El relato oficial: “un colombiano, asunto entre él y EE. UU.”
Desde el gobierno, el giro se pinta como un frío cálculo de Estado. Delcy Rodríguez insiste en que la deportación se tomó por “intereses nacionales” y que Saab “es un ciudadano de origen colombiano” cuyas cuentas pendientes son “asuntos entre Estados Unidos y él”.1 La versión oficial subraya que la medida se enmarca en la legislación migratoria venezolana y en las investigaciones por lavado de dinero en EE. UU., donde Saab enfrenta nuevos procesos judiciales.1
Diosdado Cabello refuerza esa línea: asegura que Saab “no es venezolano, es de origen colombiano” y que se identificó con “una cédula venezolana que no es cédula legal” sin “ningún tipo de sustento dentro del Saime”, emitida supuestamente en 2004 y usada para múltiples trámites.2 El propio Cabello habla de “fraudes de todo tipo” al Estado venezolano, empezando por la identidad, y justifica la deportación apelando al artículo 271 de la Constitución que obliga a entregar extranjeros vinculados a legitimación de capitales y delincuencia organizada.3
La lectura crítica: del “enviado especial” al chivo expiatorio
Los medios críticos recogen las mismas frases de Cabello, pero les dan un contexto incómodo para Miraflores: Saab fue durante años pieza clave de las importaciones del chavismo y operó bajo el amparo del poder político.4 Que ahora se insista en que “no posee nacionalidad venezolana” y que se limitó a “presentarse con una cédula fraudulenta” con la que accedió a beneficios estatales,4 se lee como un intento de cortar el hilo por lo más delgado.
Mientras el discurso oficial vende la deportación como gesto de institucionalidad, la narrativa opositora la interpreta como un viraje defensivo: Saab pasa de socio político a extranjero incómodo, útil —esta vez— como cortafuegos para blindar al alto mando.