Notícia
4 de nov de 2026
La Bestia nicaragüense se roba la épica de los 28 años de Bushby
Karl Bushby volvió a Hull tras caminar durante 28 años, pero el relato de su regreso se divide entre la proeza colectiva de un hombre sostenido por desconocidos y el carretón nicaragüense que resistió cada tramo.
Karl Bushby regresó a su ciudad natal, Hull, después de 28 años y decenas de miles de kilómetros a pie. Pero la lectura de la Expedición Goliat no es única: para unos, el centro es la resistencia individual de un exparacaidista; para otros, la prueba más visible de la hazaña rueda sobre dos ruedas y fue construida en Nicaragua.
La versión que pone el foco en el carretón convierte a “La Bestia” en mucho más que equipaje. Fabricado en Nicaragua para reemplazar un primer vehículo destruido tras 8.000 kilómetros, el armazón metálico reforzado cargó tienda, agua, comida y ropa durante gran parte del recorrido. Su diseño se inspiró en los carretones de uso cotidiano de comerciantes y trabajadores rurales nicaragüenses: una solución local para condiciones duras que acabó atravesando continentes. Incluso sobrevivió a un robo en Estados Unidos y hoy cuenta con una exhibición en Hull.1
Esa mirada subraya la durabilidad del objeto: “Lo que comenzó como una solución de emergencia en Nicaragua terminó convirtiéndose en un compañero inseparable de la aventura”.2 La Bestia —también llamada “Wilson”, en guiño a Náufrago— acompañó a Bushby por México, Siberia, el estrecho de Bering y los cruces acuáticos que exigió su regla de no usar transporte.
Pero Bushby impugna la imagen del héroe solitario. Ante la multitud que lo recibió en Hull, resumió su viaje de 58.000 kilómetros así: “No hice esto solo. Había un gran equipo, el equipo más grande: la Tierra”.3 Su relato desplaza el mérito hacia quienes le dieron alimento, refugio o apoyo, desde hoteleros hasta “las personas más pobres entre los pobres”.
Las dos versiones no compiten tanto como se completan. La Bestia condensa la ingeniería práctica y el origen nicaragüense de una travesía extraordinaria; Bushby, en cambio, recuerda que ningún metal basta sin solidaridad. Entre ambas queda una conclusión incómoda para el mito del aventurero invencible: llegar a casa exigió resistencia, sí, pero también una red humana —y un carretón— capaz de no romperse.