História
junho 30, 2026

Atualizado em julho 1, 2026

Cuba anuncia un paquete de 176 reformas económicas de mercado

El gobierno cubano ha anunciado un programa de 176 reformas económicas para impulsar su economía, buscando atraer inversión extranjera y expandir el sector privado. Las medidas fueron calificadas como "superficiales" por Estados Unidos, mientras que el presidente Miguel Díaz-Canel negó que fueran resultado de presiones externas, afirmando que son una decisión soberana para enfrentar la crisis.

Cuba se lanza a su mayor experimento de mercado en 70 años, pero el giro de 176 reformas económicas llega envuelto en sospechas: para La Habana es un acto de soberanía; para Washington, un truco cosmético.

La versión oficial: soberanía bajo asedio

El presidente Miguel Díaz-Canel insiste en que el paquete no es concesión a nadie, mucho menos a Estados Unidos. Cuba, dice, “decide sin más permiso que el de su pueblo” y las reformas son un ejercicio “soberano” nacido de “un momento de madurez, de reflexión”. Su gobierno presenta el programa como respuesta inevitable a “las horas más difíciles de este siglo” y a la “histórica responsabilidad de salvar” al país, en medio de sanciones que califica de “castigo bárbaro, inmerecido e insoportable”.

En lo técnico, La Habana vende el plan como un “giro económico sin precedentes” que transforma la empresa socialista en sociedades por acciones, abre la banca, el turismo, la agricultura y el mercado cambiario al capital privado, permite negociar salarios y acumular varias empresas privadas por persona.

Washington, escéptico: humo, no cambio

El Departamento de Estado no se impresiona. Define las medidas como “señales de humo superficiales” y “modestas, llegan con gran retraso”. Para Washington, es la “estrategia típica” de anunciar “supuestas reformas para crear la ilusión de un compromiso con el cambio, para luego revertirlas rápidamente en cuanto se ve amenazado el control total del régimen”.

Exige “reformas económicas y políticas mucho más sustanciales” que hagan a Cuba atractiva para los inversores y den al pueblo “la libertad, la dignidad y las oportunidades que merece”. El clima está lejos de distenderse: Estados Unidos presiona con un bloqueo petrolero y ha dejado claro su deseo de un cambio de modelo, incluso de régimen.

Entre el entusiasmo y la desconfianza: la calle y la diáspora

En La Habana, algunos ven el giro como oportunidad. Microempresarios y dueños de negocios privados hablan de un “socialismo más abierto, como en China” y celebran poder “abrirse al mundo” con más seguridad para invertir, comprar autos eléctricos sin impuestos y apuntar al turismo. Las 176 medidas, recuerdan, son la mayor reforma desde 1959 y formalizan un sector privado que ya emplea a un tercio de la fuerza laboral.

La diáspora, en cambio, aplaude a medias: ve un guiño al capital de los emigrados —invitados a abrir empresas y comprar participaciones estatales— pero espera algo que el plan no toca: cambios políticos de fondo.

¿Revolución económica o maniobra táctica?

La batalla narrativa es nítida. Cuba habla de madurez revolucionaria; Estados Unidos, de maquillaje del régimen. Mientras tanto, la economía real —sin gasolina, sin divisas y con el turismo en mínimos— será el juez implacable que decidirá si este giro es el inicio de un nuevo modelo o solo otro capítulo de promesas incumplidas.

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