História
junho 30, 2026

Atualizado em julho 1, 2026

PDVSA y Repsol firman acuerdo para explorar petróleo y gas en Venezuela

La estatal venezolana PDVSA y la energética española Repsol firmaron un memorando de entendimiento para analizar la viabilidad de explorar y desarrollar una nueva zona petrolera en el área de Horcón, al sureste del Lago de Maracaibo. El acuerdo también contempla el estudio de oportunidades de explotación de gas en el offshore venezolano.

PDVSA y Repsol sellan un nuevo acercamiento petrolero y gasífero en Venezuela mientras el país sigue bajo sanciones y crisis energética: para el Gobierno es un triunfo geopolítico; para Repsol, una apuesta calculada por más barriles y más gas.

Miraflores vende futuro energético

Desde la narrativa oficial, el acuerdo es una palanca para “impulsar proyectos de crudo y gas en Venezuela” y reforzar la empresa mixta Petroquiriquire. El presidente de PDVSA, Héctor Obregón, lo definió como una “anexión de oportunidades exploratorias” para sumar barriles de petróleo liviano a la producción nacional.

Delcy Rodríguez fue más allá y lo vistió de proyecto-país: afirmó que Repsol y PDVSA seguirán explorando nuevas áreas de cooperación dentro de “una agenda energética que se proyecte para el 2050”, subrayando el carácter estratégico y de largo plazo de la alianza.

Repsol: más negocio, más gas, mismo socio

Desde el lado corporativo, el mensaje es pragmático. Repsol ratifica que está “comprometido a invertir en Venezuela a través de la producción de gas” para contribuir a la estabilización y al crecimiento económico, y además “multiplicar la inversión en petróleo”. Hoy ya produce unos 45.000 barriles brutos diarios en el país, principalmente en Petroquiriquire, y el plan incluye nuevos cargamentos de crudo en los próximos meses.

El nuevo memorando de entendimiento no se limita al Lago de Maracaibo: fija el análisis de una nueva zona petrolera en el área Horcón, al sureste del lago, y abre la puerta a oportunidades de gas en el offshore venezolano.

Coincidencias y silencios

Ambas partes coinciden en el discurso de “compromiso histórico” y “asociación estratégica de largo recorrido”, y en ligar la explotación de hidrocarburos con desarrollo social y seguridad energética global. Lo que no aparece en escena es el costo político: sanciones, deterioro ambiental y falta de transparencia. En ese vacío, el acuerdo se presenta como un win–win; la verdadera factura llegará cuando esos barriles salgan —o no— del subsuelo.