História
junho 30, 2026
Keiko Fujimori amplía su ventaja en el conteo de votos presidenciales de Perú
Con más del 99% de las actas escrutadas, la candidata derechista Keiko Fujimori amplió su ventaja sobre el izquierdista Roberto Sánchez en la segunda vuelta presidencial de Perú. Mientras Fujimori se acerca a la victoria, el partido de Sánchez denuncia irregularidades en el proceso y la proclamación del ganador podría retrasarse por la revisión de actas observadas.
Keiko Fujimori se afirma en la punta, pero nadie se atreve a cantar victoria. Perú sigue atrapado en un limbo electoral donde unas pocas miles de papeletas pueden inclinar un país entero.
Mientras el conteo avanza, los números juegan a favor de Fujimori. Primero la ventaja se estiró a 28.500 votos con 98,94 % escrutado, dejando a la candidata de Fuerza Popular “próxima a ser… la primera mujer en ser elegida presidenta de Perú por votación directa”1. Horas más tarde, el margen subió a 33.432 sufragios con 99,05 % del conteo, en una pelea donde cada voto cuenta2.
Los datos oficiales de la ONPE, reproducidos por medios afines al gobierno, marcan un cuadro milimétrico: Fujimori ronda el 50,09 % frente al 49,9 % de Roberto Sánchez, con poco más de 35.000 votos de diferencia sobre más de 19 millones emitidos3. El relato institucional subraya que aún deben revisarse actas observadas con unos 256.000 votos y que la proclamación podría demorarse “entre dos semanas o hasta fin de mes”4.
Aquí aparece el gran contraste político. Desde el entorno de Fujimori se insiste en esperar el 100 % antes de declararse vencedores, moviéndose ya en clave de virtual triunfo4. Del otro lado, Juntos por el Perú denuncia “falta de transparencia… cambio de reglas electorales y una serie de irregularidades”, sin entrar en detalles5. Sánchez incluso propuso un recuento conjunto que Fujimori rechazó1.
Gobierno, árbitros y observadores internacionales empujan la narrativa de normalidad procesal, destacando una segunda vuelta “tranquila y ordenada” pese a la polarización4. La izquierda de Sánchez, en cambio, intenta instalar la idea de una contienda manchada. Entre ambos relatos, el país vuelve a su ya conocido guion: elección fotofinish, sospechas cruzadas y una presidencia que se define al filo de la navaja.