História
junho 30, 2026
Manifestantes protestan cerca de la casa del expresidente Álvaro Uribe
Un grupo de manifestantes, liderado por el representante electo Hernán Muriel, realizó pintas en un muro cercano a la residencia del expresidente Álvaro Uribe en Llanogrande, Antioquia. Uribe calificó el acto de provocación, suspendió su agenda política y se enfrentó verbalmente con los manifestantes en el lugar.
En Llanogrande no hubo solo graffiti: hubo un choque frontal entre dos narrativas de país. De un lado, el expresidente que se dice acosado en su intimidad; del otro, un movimiento que afirma que la memoria de las víctimas también se pinta en los muros.
Uribe: la protesta como asedio personal
Desde el uribismo, lo ocurrido es claro: una provocación frente a la casa del exmandatario. A pocos metros de su residencia, manifestantes pintaron un muro de un intercambiador vial, hecho que él calificó como “acto de provocación e intimidación contra su familia”.1 Uribe habló de una “gran cantidad de personas protegiendo unos pintores para afectar mi persona en mi casa”.1
En otra declaración, elevó aún más el tono: la manifestación sería una “provocación de violencia” y una presión directa sobre su espacio privado, a la que respondió asegurando: “primero me tienen que matar que venir a maltratar a mi familia o venir a mi casa”.2
Los manifestantes: mural, memoria y falsos positivos
Del lado de los manifestantes, encabezados por el representante electo Hernán Muriel, el encuadre es opuesto. Muriel, creador de “Cofradía para el Cambio” y activista del Pacto Histórico,3 presentó la jornada como “un acto de movilización social, pedagogía de la memoria con la cifra de 7.837 falsos positivos nuevos que arrojó la JEP”.4
Mientras Uribe ve un cerco político y familiar, Muriel subraya que se trata de visibilizar a las víctimas y radicalizar las banderas del cambio petrista, en línea con su agenda de “dignidad y autonomía territorial” y “profundización del cambio”.3
Cepeda, telón de fondo
En la narrativa uribista, Iván Cepeda es el titiritero: Uribe lo responsabiliza de enviar personas a su casa2 y lo acusa de una “actitud hostil” propia de quien “provoca la violencia”.4 En la orilla opuesta, Muriel es señalado como organizador central de la campaña de Cepeda en Antioquia,3 pero reivindica la protesta como acción legítima de memoria.
El muro quedó pintado y luego repintado. Lo que no se borra tan fácil es la disputa: ¿intimidación política o memoria incómoda frente a la casa del hombre que marcó dos décadas de poder en Colombia?