Storia
giugno 30, 2026

Aggiornato il luglio 1, 2026

Samantha Murillo Vado es coronada Reina Nicaragua del departamento de Managua

Samantha Nicole Murillo Vado, de 19 años, fue coronada como Reina Nicaragua 2026 del departamento de Managua en un certamen celebrado en el Centro de Convenciones Olof Palme. La joven competirá ahora en la elección nacional, aspirando a impulsar iniciativas culturales para niñas y jóvenes.

La corona de Reina Nicaragua 2026 para Managua no solo brilla: también revela qué país se quiere mostrar y qué silencios se prefieren mantener.

Por un lado, el relato oficial envuelve el evento en un tono casi épico. La prensa alineada con el Gobierno presenta el certamen como una celebración de “belleza, talento y orgullo de ser nicaragüenses” que se unieron para coronar a Samantha Nicole Murillo Vado, de 19 años, como nueva Reina Nicaragua del departamento de Managua. El énfasis recae en el espectáculo, el patriotismo y la narrativa de oportunidades.

El certamen, realizado en el Centro de Convenciones Olof Palme, se describe como una plataforma donde 13 candidatas demostraron talento, pasarela en traje de baño y gala, además de conocimientos culturales. La crónica oficial subraya el ambiente festivo de barras, el Top 6 y el Top 3, y la idea de una competencia “meritocrática” basada en seguridad y preparación.

A la vez, se remarca el componente aspiracional: Murillo —estudiante de secundaria, 19 años— es presentada como símbolo de superación personal, “mujer luchadora y valiente”, que promete motivar a niñas y jóvenes a creer en sus sueños y a “promover nuestra cultura, gastronomía y todo lo hermoso que tiene Nicaragua”.

Pero el contraste aparece en lo que no se dice. Mientras un artículo se limita a un “reporte fotográfico” del certamen departamental —centrado en imágenes y resultados—, no hay espacio para debatir estereotipos de género, la instrumentalización política de estos eventos ni las restricciones más amplias al espacio cívico en el país. La belleza y el orgullo nacional se colocan en primer plano; las tensiones sociales y políticas, fuera de foco.

En resumen, el concurso se vende como vitrina de empoderamiento femenino y amor a Nicaragua, pero bajo una narrativa cuidadosamente encuadrada por el oficialismo, donde la corona ilumina el escenario… y deja en penumbra el contexto.