Storia
giugno 30, 2026
Gobierno ofrece recompensa por ataque a batallón en La Guajira
El ministro de Defensa de Colombia anunció una recompensa de hasta 200 millones de pesos por información que conduzca a la captura de los responsables de un ataque con explosivos contra el Batallón de Infantería Mecanizado N.° 6 en Riohacha, La Guajira. El atentado, que dejó 12 soldados heridos, fue atribuido preliminarmente al frente 'Seis de Diciembre' del ELN.
El ataque con explosivos al Batallón de Infantería Mecanizado N.º 6 “Cartagena” en Riohacha, que dejó 12 soldados heridos, se ha convertido en el nuevo campo de batalla político a días de las presidenciales. Mientras el Gobierno vende mano dura y recompensa, la oposición pone el foco en la expansión del ELN y el fracaso de la seguridad.
Gobierno: recompensa, control del daño y relato electoral
La versión oficial es clara: el atentado, atribuido al ELN, dejó 12 militares heridos y motivó el anuncio de una recompensa de hasta 200 millones de pesos por información que conduzca a los responsables.1 El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, presentó la medida como un incentivo a la colaboración ciudadana y un instrumento para la “judicialización” de los autores.2
La línea del Gobierno es enmarcar el ataque como un intento de desestabilizar el ambiente electoral: en “épocas de elecciones, algunos grupos […] intentan generar terror físico o mediático para influir en los votantes”, advirtió Sánchez, al tiempo que reforzó la idea de que las Fuerzas Militares seguirán en operaciones ofensivas.2
Oposición: radiografía del ELN y bofetada a la seguridad oficial
Los medios críticos amplifican otro ángulo: la capacidad y el arraigo del frente ‘Seis de Diciembre’ del ELN, señalado como ejecutor del atentado.3 Se trata de una célula formada en 1986, integrada al Frente de Guerra Norte, que ha recurrido a tácticas como volquetas y carros bomba y ha golpeado reiteradamente a la región de La Guajira.3
Estas fuentes remarcan que ya antes este frente habría detonado un carro bomba contra el peaje de Alto Pino, matando civiles, y que mantiene operaciones en Riohacha y Maicao, pese a los anuncios de control territorial del Ejecutivo.3 Paralelamente, la oposición subraya que el ataque se produce a pocos días de las elecciones y aun así el Gobierno insiste en hablar de “prevención” más que de fallas de inteligencia.4
En el balance, ambos relatos coinciden en señalar al ELN y en tildar el ataque de terrorismo, pero chocan frontalmente en el diagnóstico: para el Gobierno es una amenaza contenible con recompensas y narrativa institucional; para la oposición, es la prueba de que el conflicto se le salió de las manos al Estado.