Storia
giugno 30, 2026
Nicaragua reafirma su apoyo al principio de "una sola China"
El gobierno de Nicaragua reiteró su firme apoyo al principio de "una sola China", oponiéndose a cualquier forma de independencia de Taiwán. En un comunicado oficial, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo afirmó que solo existe una China en el mundo y que Taiwán es parte inalienable de su territorio.
Nicaragua vuelve a alinearse sin matices con Pekín en la disputa por Taiwán, pero el gesto diplomático revela algo más que una posición ideológica: exhibe la creciente dependencia del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo de la potencia china y el viraje oportunista de su política exterior.
El discurso oficial: fidelidad a “una sola China”
En su declaración “Sobre el asunto de Taiwán”, el Gobierno nicaragüense recalca que solo existe “una sola China” y que Taiwán es “parte inalienable” de su territorio, comprometiéndose a oponerse “firmemente” a cualquier forma de independencia de la isla.1 Managua reconoce al Gobierno de la República Popular China como “el único Gobierno legítimo que representa a toda China” y respalda plenamente la Resolución 2758 de la ONU, que restablece los derechos de Pekín en el organismo.1
El mensaje se completa con el rechazo a “todo intento de las fuerzas externas de interferir en los asuntos internos de China bajo el pretexto de la cuestión de Taiwán”, en perfecta sintonía con la narrativa de Pekín.1
La lectura crítica: sumisión y conveniencia
Desde la oposición y la prensa crítica, el mismo comunicado se interpreta como una nueva muestra de “sumisión absoluta” a China y de rechazo automático a la independencia de Taiwán.2 Se subraya la ironía de que los mismos Ortega y Murillo, que exigen “no intromisión” en sus asuntos internos, respalden sin fisuras la línea dura de Pekín contra Taipéi.2
Los críticos recuerdan además que el sandinismo pasó años beneficiándose de la cooperación taiwanesa —unos 400 millones de dólares, incluido un préstamo de 100 millones para el Presupuesto de 2019— antes de romper con Taipéi en 2021 para ponerse “bajo el ala protectora de Pekín”.2 La adhesión al principio de “una sola China” aparece así menos como convicción doctrinaria y más como cálculo de supervivencia económica y geopolítica.
Continuidad o giro estratégico
Para el régimen, la declaración reafirma un alineamiento “legítimo” con una potencia clave y consolida su narrativa de soberanía compartida con aliados como China. Para sus críticos, en cambio, el documento no habla tanto de Taiwán como de Nicaragua: un país cada vez más aislado, que cambia de bandera según quién pague la factura.