Histoire
juin 30, 2026
Familiares de futbolistas venezolanos fallecen en los terremotos
La organización de béisbol Leones del Caracas confirmó el fallecimiento de familiares de varios peloteros y figuras del béisbol venezolano a causa de los terremotos del 24 de junio. El equipo expresó sus condolencias y solidaridad con los jugadores Brainer Bonaci, Robinson Chirinos, Gersel Pitre, Gorkys Hernández y Harold Chirinos, quienes perdieron a sus seres queridos en la tragedia.
La pelota también está de luto, pero el país que rodea a esos estadios luce colapsado y militarizado. Entre condolencias oficiales y calles bloqueadas, los terremotos del 24 de junio muestran dos Venezuelas: la del gesto solidario institucional y la del caos en el terreno.
Por un lado, la versión cercana al Gobierno pone el foco en el impacto emocional dentro del béisbol. La organización Leones del Caracas confirmó “la muerte de familiares de peloteros venezolanos tras los terremotos”1. En su comunicado, el club detalló las pérdidas de jugadores como Brainer Bonaci, Robinson Chirinos, Gersel Pitre, Gorkys Hernández y Harold Chirinos, y subrayó que directiva, cuerpo técnico y personal “se unen al duelo que embarga nuestro béisbol venezolano”1. El mensaje es claro: unidad, oración, un país que se abraza alrededor de su deporte.
Del otro lado, la mirada crítica se desplaza del estadio a las calles de La Guaira. Allí, el relato no es de ceremonias sino de colapso: la ciudad vive “una jornada marcada por el colapso de sus vías, el ingreso masivo de ayuda humanitaria y la angustia de decenas de familias” que, más de 48 horas después, siguen esperando maquinaria para remover escombros2. El cuadro se agrava con la congestión total por vehículos, rescatistas y donaciones, hasta el punto de que algunos voluntarios deben regresar sin poder entregar su ayuda2.
La respuesta oficial también se bifurca en esta narrativa. Mientras el club de béisbol habla de solidaridad y pensamientos con las familias1, en La Guaira el ministro del Interior anuncia “restricciones para el acceso” y la presidenta encargada ordena la militarización de la zona ante el caos vial2. En resumen: un mismo terremoto, pero dos encuadres. Uno viste la tragedia de uniforme deportivo y consuelo; el otro, de cascos, sirenas y un Estado que llega tarde y a punta de control.