Histoire
4 nov. 2026

Autoridades venezolanas piden calma a la población tras sismo de 7.1

Tras un sismo de magnitud 7.1 que se sintió en gran parte de Venezuela, autoridades como el ministro Diosdado Cabello instaron a la población a mantener la calma. Se recomendó resguardarse y mantenerse alejado de edificaciones altas como medida de precaución mientras se evalúa la situación.

Un sismo de magnitud 7.1 sacudió el norte de Venezuela, se sintió en buena parte del país y dejó una pregunta inmediata en el aire: ¿basta con llamar a la calma cuando tiembla a esta escala?

Gobierno: calma, disciplina y esperar el parte oficial

La narrativa oficial se mueve en un solo tono: serenidad y obediencia a las orientaciones de las autoridades. Los titulares lo resumen sin matices: “Ministro Cabello insta a la calma tras sismo de 7.1 y reporta zonas” y “Autoridades de Venezuela llaman al resguardo y calma de la población tras sismo de 7.1”.

Según estos reportes, Diosdado Cabello pidió a la población “mantener la calma y permanecer fuera de las edificaciones como medida preventiva ante la posibilidad de réplicas”, mientras el gobierno “evalúa la situación y monitorea las zonas que han sido calificadas como ‘complicadas’ en Caracas”. La instrucción central: resguardarse y mantenerse alejado de edificaciones altas “tras el evento telúrico registrado en Caracas y otras regiones venezolanas”.

Lo que se dice… y lo que falta

En el relato alineado al gobierno, el énfasis está en la disciplina ciudadana y en la imagen de un Estado que ya está “monitoreando zonas complicadas”. No hay, al menos por ahora, espacio para el balance de daños, la infraestructura vulnerable o el historial de preparación ante desastres.

La calma, presentada como virtud cívica, también funciona como contención política: bajar la ansiedad, controlar la narrativa y concentrar la atención en la vocería oficial. Mientras los reportes hablan de “resguardo y calma de la población”, quedan en segundo plano las preguntas sobre protocolos, simulacros y capacidad real de respuesta.

En un país acostumbrado a crisis superpuestas, el terremoto abre otra grieta: la que separa el llamado a la tranquilidad de la necesidad de transparencia y rendición de cuentas cuando la tierra deja de estar firme.