Histoire
juin 30, 2026

Mis à jour le juillet 1, 2026

Nicaragüense es asesinado a balazos en Costa Rica por cortar mangos

Un ciudadano nicaragüense de 43 años, identificado como Ervin Gutiérrez, fue asesinado a balazos en Guanacaste, Costa Rica. Según informes preliminares, el hombre ingresó a una finca privada para cortar mangos, lo que derivó en el fatal incidente. Las autoridades judiciales han iniciado una investigación.

Unos mangos, una cerca y una pistola: en Guanacaste, Costa Rica, un nicaragüense terminó muerto a balazos por entrar a una propiedad privada. El caso pone frente a frente dos narrativas: la del “invasor” y la de la víctima de un uso letal de la fuerza absolutamente desproporcionado.

Lo que pasó: coincidencias básicas

Ambos relatos opositores coinciden en el esqueleto de la historia. Ervin Gutiérrez, nicaragüense de 43 años, fue asesinado de varios disparos en Paso Tempisque, cantón de Carrillo, provincia de Guanacaste, dentro de una finca privada. Versiones preliminares indican que entró al terreno para cortar mangos y fue sorprendido por un hombre armado que vivía o cuidaba en la propiedad, quien le disparó, alcanzándolo en la cabeza y causándole la muerte inmediata.

La Cruz Roja confirmó que cuando llegó al lugar el nicaragüense ya no tenía signos vitales y el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) abrió una investigación por homicidio.

Matices: del “incidente” al “asesinato”

El primer medio presenta el hecho como un "incidente en finca privada", subrayando que se trata de un caso bajo investigación y destacando la consternación en la comunidad de origen de Gutiérrez en San Juan Viejo, Belén, Rivas. El foco está en el impacto humano y en la necesidad de esclarecer "las posibles responsabilidades penales".

El segundo medio endurece el lenguaje: habla directamente de "asesinato" de un "nicaragüense [...] por cortar mangos después de trabajar". Añade un elemento clave que refuerza la tesis de ejecución injustificada: el cuidador habría salido y realizado tres disparos contra Ervin y sus amigos cuando regresaban de trabajar, y luego fue detenido junto a su madre, a la espera del informe del OIJ.

Coincidencia final: una muerte absurda

Aunque difieren en el tono —de la cautela legalista a la denuncia frontal—, ambos relatos convergen en un punto contundente: por unos mangos arrancados tras una jornada laboral, un migrante terminó muerto y el sistema judicial costarricense tendrá que explicar por qué y cómo.