Histoire
4 nov. 2026
Un año del atentado contra Miguel Uribe Turbay
Al cumplirse un año del atentado que le costó la vida al político colombiano Miguel Uribe Turbay, su familia y el país recuerdan el suceso. La investigación, que ha resultado en varias capturas, apunta a que el ataque fue planeado por la disidencia de las Farc 'Segunda Marquetalia'. Su hermana ha invitado a los colombianos a izar la bandera en su memoria.
A un año del atentado que terminó con la vida de Miguel Uribe Turbay, Colombia sigue dividida entre la reconstrucción forense de los hechos y la reconstrucción emocional de un país que vuelve a mirarse en el espejo de la violencia política.
El relato del Estado: crimen político, caso casi resuelto
Desde el entorno cercano al gobierno, el énfasis está en la solvencia de la investigación y en la narrativa de un Estado que responde. El ataque es presentado como el hecho que “revivió los fantasmas de la violencia política en Colombia”1, una amenaza directa contra la democracia y contra un precandidato presidencial en pleno acto de calle.
Los medios alineados con esta mirada subrayan la complejidad del caso: una “de las investigaciones más complejas de los últimos años para las autoridades colombianas”2, con más de 180 uniformados, 45.000 metros cuadrados de escena del crimen y una operación que se habría planeado durante meses con seguimientos, logística y uso de varios vehículos3. La Fiscalía y la Dijín apuntan a la Segunda Marquetalia, hablan de una estructura organizada, de financiación millonaria y de al menos ocho capturas y una aprehensión2.
En esta versión, el mensaje central es que hay responsables identificados, un plan reconstruido casi minuto a minuto y un Estado que, aunque golpeado, mantiene el control.
La mirada de la oposición: duelo, símbolos y deuda de verdad
Desde la oposición, el foco se mueve de los expedientes a las ausencias. Se habla de “Un año sin Miguel” y de una familia –los Uribe Tarazona– intentando recomponer su cotidianidad tras un atentado que dejó al país “catatónico”4. El relato es íntimo, lleno de detalles: el parque de Modelia, el discurso interrumpido por “una ráfaga de seis disparos”5, los más de dos meses de agonía antes de la muerte cerebral y el fallecimiento el 11 de agosto de 20255.
Aquí el énfasis no está en cerrar el caso, sino en abrir preguntas: aunque la Fiscalía sostiene que fue “una operación criminal planeada y ejecutada por una estructura organizada”5, aún no se esclarecen del todo financiadores y propósito político.
Como contrapeso, su hermana propone un gesto civil y transversal: “que los colombianos pongan la bandera en sus ventanas, balcones, edificios, oficinas y hogares”5. No solo por Miguel, sino “por todas las víctimas de la violencia” y para recordar que “podemos pensar distinto, pero seguir compartiendo un mismo país”5.
Coincidencias y grietas
Ambas orillas coinciden en lo obvio: fue un atentado político, brutal y planificado que marcó un antes y un después en la campaña. Donde se separan es en el énfasis: el gobierno quiere cerrar el expediente; la oposición exige que la bandera en las ventanas no tape las zonas grises del expediente judicial.
Un año después, la pregunta sigue abierta: ¿alcanzan las capturas y los informes técnicos para que la violencia no tenga, otra vez, la última palabra?5