Historia
junio 30, 2026

Actualizado el julio 1, 2026

Asesinan a líder criminal en el aeropuerto de Guayaquil, Ecuador

Dos sicarios de 15 años asesinaron a Carlos Alberto Suástegui Villanueva, presunto cabecilla de la banda Los Águilas, en la puerta del aeropuerto de Guayaquil. El ataque, captado por cámaras de seguridad, también dejó dos personas heridas. Los jóvenes fueron detenidos poco después del tiroteo.

Un aeropuerto bajo estado de excepción convertido en escenario de ejecución a quemarropa: el asesinato del presunto cabecilla criminal Carlos Alberto Suástegui Villanueva expone, en un mismo disparo, la audacia de las bandas y las grietas del aparato de seguridad del Estado.

Las versiones alineadas con el Gobierno subrayan, ante todo, el operativo y el contexto oficial. Señalan que el ataque dejó “al menos dos personas heridas” en una zona del aeropuerto de Guayaquil, lo que activó el protocolo de seguridad y obligó al cierre de la terminal mientras se revisaba a todos los presentes. Se remarca que Guayaquil ya estaba bajo un nuevo estado de excepción decretado por el presidente Daniel Noboa por el “alto nivel de criminalidad y violencia”, dentro de una cadena de medidas extraordinarias que buscan enfrentar a bandas calificadas de “terroristas”.

Esa misma mirada oficialista presenta el crimen como un síntoma más —no un fracaso— de una “crisis de violencia” asociada al auge del crimen organizado. El mensaje implícito: el Gobierno ya está en guerra contra estas mafias y este episodio confirma la magnitud del enemigo.

Pero el propio relato de los hechos desnuda las debilidades del sistema. Dos sicarios de 15 años ejecutaron a Suástegui “a plena luz del día” en la puerta de llegadas internacionales, en “un lugar tan sensible y expuesto como el aeropuerto”, camuflados como adolescentes que esperaban a un ser querido con “un peluche” y “un ramo de flores”, donde escondían las pistolas. Dispararon “a sangre fría y a quemarropa”, dejando también heridos, y solo entonces la terminal fue bloqueada por dos horas mientras se confirmaba la detención de los atacantes.

Coinciden todas las miradas en un punto: la violencia ya no respeta fronteras simbólicas. Donde difieren es en el veredicto: para el Gobierno, el estado de excepción es la respuesta necesaria; para una ciudadanía que ve sicarios adolescentes disparando en un aeropuerto, la pregunta inevitable es si esa respuesta está llegando demasiado tarde.