Historia
junio 30, 2026

Actualizado el julio 1, 2026

Asistente de Matthew Perry condenado por su muerte tras admitir haberle inyectado ketamina

Kenneth Iwamasa, exasistente personal del actor Matthew Perry, fue sentenciado a tres años y cinco meses de prisión por su implicación en la muerte del actor. Iwamasa admitió haberle administrado repetidamente ketamina, incluida una inyección el día de su fallecimiento, desentrañando una red de tráfico de la sustancia en Hollywood.

La muerte de Matthew Perry ya no es solo una tragedia de Hollywood, sino el símbolo de una guerra soterrada por la responsabilidad en el negocio de las drogas médicas. Entre la culpa individual y el foco en una red completa de suministro, el caso expone las grietas de un sistema que mezcla celebridad, adicción y lucro.

La visión punitiva: un asistente en el banquillo

Para la justicia federal, el rostro del caso es claro: Kenneth Iwamasa, exasistente personal de Perry, es el hombre que cruzó todas las líneas. Un juez de Los Ángeles lo condenó a tres años y cinco meses de prisión por suministrarle ketamina, con pena adicional de libertad condicional y una multa de 10.000 dólares. La clave de la acusación: Iwamasa admitió haber inyectado “repetidamente sin capacitación médica, incluyendo múltiples inyecciones” el día de la muerte del actor.

En este relato, la historia es la de un asistente que actúa como dealer y verdugo, con Perry reducido a víctima final de una cadena de decisiones irresponsables.

La mirada estructural: una red en Hollywood

Otra lectura pone el foco más arriba: la muerte de Perry es presentada como “el caso que desentrañó el tráfico de ketamina en Hollywood” y abrió “una nueva era de rendición de cuentas”. La investigación reveló un entramado de cinco personas, incluidos dos médicos, un contacto clave, una traficante apodada “la reina de la ketamina” y el propio Iwamasa.

Aquí, Iwamasa pasa de ser monstruo solitario a eslabón útil: fue el primero en pactar con la Fiscalía, se declaró culpable de distribuir ketamina con resultado de muerte y se convirtió en el testigo central para explicar cómo se obtuvieron más de 50 viales del fármaco en días.

Entre el castigo ejemplar y el precedente

Las autoridades venden el caso como mensaje disuasorio: “envía un mensaje claro: haremos que los narcotraficantes rindan cuentas por las muertes que provocan”, sostuvo el entonces fiscal federal Martin Estrada. Pero la verdadera tensión permanece: ¿es suficiente encarcelar a un asistente —y exhibir una red— en un ecosistema donde la línea entre tratamiento y abuso se negocia en cada receta?