Historia
junio 30, 2026
Bolivia expulsa a embajadora de Colombia y el gobierno de Petro responde de forma recíproca
El gobierno de Bolivia expulsó a la embajadora de Colombia, Elizabeth García, por supuesta injerencia en asuntos internos tras declaraciones del presidente Gustavo Petro sobre la crisis política boliviana. En respuesta, Colombia declaró el cese de funciones del encargado de la embajada de Bolivia en Bogotá, Ariel Percy Molina Pimentel, reafirmando su compromiso con el principio de no intervención.
Bolivia y Colombia están jugando al espejo diplomático: expulsión va, expulsión viene, mientras ambos gobiernos juran defender la “no injerencia” metiéndose de lleno en la política del vecino.
La versión cercana al gobierno boliviano subraya el origen del choque: las palabras de Gustavo Petro sobre que “Bolivia vive una insurrección popular”, enmarcadas en su crítica a la “soberbia geopolítica” y a la existencia de presos políticos.1 Para La Paz, eso cruzó una línea roja. La expulsión de la embajadora colombiana Elizabeth García se presenta como una defensa de la soberanía y del gobierno de Rodrigo Paz, en medio de una crisis interna con protestas crecientes y un Evo Morales prófugo, acusado en un caso de presunta relación con una menor.1
Desde esa orilla, la narrativa es clara: no hay golpe, hay un gobierno acosado, al que incluso Washington respalda frente a lo que califica como intento de “golpe de Estado”.1 Analistas liberales en X añaden que el trasfondo es un modelo económico agotado: “escasez de divisas, inflación y un Estado sobredimensionado reflejan el agotamiento de un modelo que limitó la libertad económica y debilitó las instituciones”.
2
Del lado colombiano, la prensa crítica al gobierno Petro enfatiza la torpeza política de la salida: primero el presidente habla de “insurrección popular”, y luego la Cancillería responde a la expulsión de García cesando, “por reciprocidad”, las funciones del encargado de la embajada de Bolivia en Bogotá, Ariel Percy Molina Pimentel.3 Al mismo tiempo, el propio comunicado insiste en que “no ha mediado [...] el propósito de inmiscuirse en los asuntos internos de Bolivia” y ratifica el compromiso con la no intervención.3
En resumen: Bolivia acusa injerencia pero evita romper relaciones; Colombia replica con simetría diplomática mientras niega haber intervenido. Ambos gobiernos se presentan como defensores de la democracia, pero usan la crisis del otro como escenario para su propia batalla ideológica.