Simplicio colombiano

Galileo inventó el diálogo de Salviati (razonador), Simplicio (tradicionalista) y Sagredo (escéptico) en “El diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo” para decir que la Tierra giraba alrededor del Sol y evitar la excomunión, tortura o muerte de la poderosa inquisición. A pocos días de elecciones los tres se encuentran y no discuten sobre astronomía. Salviati inicia: el país no puede seguir orbitando alrededor de los mismos apellidos. Colombia no ha sido una república sino una larga administración de privilegios. Simplicio lo interpela: ¡Ah, claro! La vieja obsesión revolucionaria de destruirlo todo para luego descubrir entre ruinas que el país se hunde en inseguridad, coca y desgobierno. No puede construirse desde el resentimiento, Colombia necesita autoridad. Sagredo interpela: Curioso: uno quiere destruir el pasado y los otros momificarlo. Salviati increpa: Por eso emerge el otro: como reacción emocional, no propone una doctrina, es puro temperamento. Habla como si la democracia fuera una riña de plaza y la patria, un bufete penal. Su fuerza está en que interpreta la rabia nacional mejor que cualquier sociólogo. Y Simplicio aprovecha: Cuando las instituciones se debilitan, el pueblo empieza a pedir hombres fuertes. Roma no se construyó con poetas o filósofos. Y Sagredo añade: Ni tampoco sobrevivió gracias a ellos. Y Salviati tercia: El problema de los hombres fuertes es que se creen dioses y toda discrepancia se vuelve traición. Simplicio sentencia: Prefiero eso a la ideología de lo absurdo. Al menos este sabe lo elemental: un país sin autoridad termina gobernado por el miedo. Sagredo controvierte: Aunque también existe el miedo a la autoridad. América Latina suele cambiar una fiebre por otra. Salviati medita: Y aparece la sacerdotisa del viejo orden. Inteligente, disciplinada, doctrinaria, pensando que desde el statu quo puede corregirse sin desmontarse. Simplicio confirma: Las naciones no se reinventan cada cuatro años y son preferibles imperfectas al romanticismo revolucionario. Sagredo concluye: Mientras uno quiere reescribir todo el libro, el otro quiere incendiar la biblioteca, y la otra propone solo cambiar la portada. Salviati plantea: El problema es más profundo. Colombia ya no discute programas, solo somos encuestas, pasiones y bodegas de borregos. Para unos, es la justicia histórica; para algunos, el orden; para otros, la fuerza. Simplicio dice: y el ciudadano común solo quiere caminar sin miedo y llegar a fin de mes. Sagredo concluye: Nuestro problema es que seguimos buscando caudillos cuando necesitamos programas y soluciones. De todas formas, Galileo terminó en prisión domiciliaria el resto de sus días.

Simplicio colombiano

TL;DR

  • El país no puede seguir bajo el dominio de los mismos apellidos, sino que ha sido una administración de privilegios.
  • Se critica la obsesión revolucionaria que busca destruir para luego lamentar la inseguridad y el desgobierno.
  • Se debate la necesidad de autoridad frente al debilitamiento de las instituciones y el llamado a hombres fuertes.
  • Se advierte sobre el peligro de los hombres fuertes que se creen dioses y consideran la discrepancia como traición.
  • Una postura defiende la autoridad ante la ideología del absurdo, argumentando que un país sin ella es gobernado por el miedo.
  • Se presenta la figura de la 'sacerdotisa del viejo orden' que busca corregir desde el statu quo.
  • Se concluye que las naciones no se reinventan cada cierto tiempo y se prefieren imperfectas al romanticismo revolucionario.
  • Colombia ya no discute programas, sino encuestas, pasiones y bodegas, buscando justicia histórica, orden o fuerza.
  • El ciudadano común solo desea seguridad y bienestar económico.
  • El problema fundamental es la búsqueda de caudillos en lugar de programas y soluciones.