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Juni 30, 2026
Invima alerta sobre comercialización fraudulenta de potenciadores sexuales
El Invima emitió una alerta sanitaria sobre la comercialización fraudulenta de los potenciadores sexuales masculinos "Male Enhancer, Blix brand" y "Blix Booster brand". La agencia advierte que estos productos utilizan registros sanitarios de alimentos de manera indebida y no cuentan con evaluación de calidad, seguridad y eficacia, representando un riesgo para la salud.
El mercado de los “milagros” para la cama vuelve a encender las alarmas: el Invima pone la lupa sobre varios potenciadores sexuales masculinos que se venden como si fueran inocuos suplementos, pero que en realidad caminan por la cuerda floja de la ilegalidad y el riesgo sanitario.
Mientras un sector crítico ve en el escándalo una muestra de descontrol en el comercio digital, las voces más alineadas con el Gobierno destacan el músculo regulatorio del Invima.
Por un lado, el enfoque más opositor subraya el carácter abiertamente fraudulento de productos como “Male Enhancer, Blix brand” y “Blix Booster brand”, presentados como potenciadores sexuales, pero amparados con registros que fueron otorgados únicamente para alimentos y bebidas.1 Según esta lectura, el caso exhibe cómo las plataformas de comercio electrónico se han convertido en vitrina para productos que prometen “aumento de libido, energía y mejor desempeño íntimo” sin cumplir la normativa sanitaria ni pruebas serias de seguridad.1 El énfasis está en el engaño al consumidor y en la posible presencia de sustancias no declaradas que podrían alterar la presión arterial o agravar enfermedades cardiovasculares.1
Desde la orilla más cercana al Gobierno, la narrativa se desplaza hacia la advertencia y la pedagogía: el Invima aparece como guardián que detecta y denuncia la venta de potenciadores como PotentMax, Blix y Blix Booster, todos sin registro sanitario y con “promesas de efectos garantizados” sin evidencia científica sólida.2 Aquí se resalta el llamado a verificar en la página oficial los registros, evitar compras en redes y sitios opacos, y reportar la comercialización irregular para proteger la salud pública.2
En lo que sí coinciden ambos relatos es en el veredicto final: estos productos no son un juego. Ni la oposición ni el Gobierno discuten que, en materia de potencia sexual exprés, el riesgo real lo asume el cuerpo del consumidor.