Año viejo
No está claro cómo Crescencio Salcedo, analfabeto absoluto, escribió canciones inmortalizadas en el alma de Colombia y que trascendieron generaciones y fronteras. Mientras fabricaba gaitas y flautas o caminaba descalzo, compuso muchas coplas, algunas que otros se robaron. Cuando esta noche se escuchen las mismas canciones de siempre, no existe la más mínima posibilidad que entre ellas no suene el “Yo no olvido al año viejo”. En un desliz filosófico sin parangón, propio de estos días de ocio, molicie y divertimento, la letra nos invita a pensar en las mil y una razones para no olvidar este año que hoy acaba. Y es que durante esos tres eternos minutos que dura la canción del hijo de Palomino quien la escucha puede pensar en tres interminables años y en el 2025 para reflexionar en lo que nos dejó. Resulta fácil, y tal vez ese es el mérito y la intención de Crescencio con su cumbia hecha canción, ponernos a pensar en nuestro año mientras nos cuenta que a él le dejó la chiva, la burra negra, la yegua blanca y una buena suegra. Y por ello repite el mismo sonsonete seis veces para insistirnos en que al final deberíamos ser más concretos y objetivos en ese burdo balance de fin de año.