¡Qué partidazo!
Sabíamos que tendríamos un gran partido, pero la sorpresa fue verlos jugar tan bien. Después de cumplir tantos juegos para llegar a la final, aparecieron unos héroes que asumieron el reto de enfrentar a jugadores veteranos. Algún curtido patrocinador ya había jugado a la guerra por los escarpados estadios de nuestras cordilleras y a pesar de contar con tarjetas severas, no recibió el ejemplar castigo que merecía. Pero eso es tiempo pasado, ahora con los estadios abiertos de par en par y aprovechando espléndidas atenciones recibidas él y su jugador, están provocando a sus seguidores, dando el triste espectáculo de pésimos perdedores. Los ganadores pasaron unos largos y difíciles partidos, todos los vencieron. Ahora merecen apoyo y reconocimiento, que poco a poco gracias a Dios y a la democracia, se está dando.