Venezuela bajo los escombros
Hay un instinto que no se discute: cuando la tierra se abre en Venezuela, algo se nos abre también a los colombianos por dentro. La necesidad que sentimos de estar ahí ayudando —enviando rescatistas, alimentos, dinero, oraciones, o incluso estar allí para ver en qué podemos ser útiles— es la que nos demuestra que somos hermanos. No hermanos de bandera, sino de los que se duelen cuando al otro le duele. Esa Venezuela que durante años fue refugio de millones de colombianos huyendo de la violencia, la misma que ha poblado también nuestro país huyendo de la dictadura, hoy es la que entierra a sus muertos bajo edificios colapsados en La Guaira y Caracas, y nosotros no podemos mirar para otro lado.